El análisis sísmico geotécnico evalúa la respuesta del terreno frente a la acción sísmica esperada, identificando potenciales amplificaciones, asentamientos diferenciales, licuefacción y deslizamientos co-sísmicos. Su importancia es crítica en zonas de alta sismicidad, donde las propiedades dinámicas del suelo controlan la demanda real que reciben las estructuras durante un evento.
Los parámetros dinámicos clave son la velocidad de onda de corte Vs y el módulo de corte máximo Gmax, obtenidos mediante MASW, downhole, crosshole o triaxial cíclico. La clasificación sísmica del sitio según códigos locales (NCh 433, IBC, Eurocódigo 8) determina los espectros de diseño aplicables a la estructura proyectada.
El potencial de licuefacción en suelos granulares saturados se evalúa mediante métodos simplificados (Seed-Idriss, Boulanger-Idriss) calibrados con CPT o SPT, complementándose con análisis no lineales cuando la criticidad lo justifica. Los efectos —asentamientos, pérdida de capacidad portante, fluencia lateral— deben mitigarse mediante densificación, columnas de grava o pilotaje según el caso.
La microzonificación sísmica integra geología regional, geofísica detallada y modelos numéricos para entregar mapas de respuesta espectral aplicables a planificación urbana y diseño de infraestructura crítica. Su elaboración requiere campañas extensas, validación con registros de eventos reales y revisión periódica conforme se acumula evidencia sísmica.