El mejoramiento de suelos comprende un conjunto de técnicas destinadas a modificar las propiedades mecánicas, hidráulicas o de resistencia del terreno, permitiendo construir sobre suelos que originalmente no cumplirían los requisitos de diseño. Su aplicación es común en zonas con suelos blandos, sueltos, expansivos, colapsables o con potencial de licuefacción ante solicitación sísmica.
Las técnicas de densificación incluyen vibrocompactación para suelos granulares (mejora densidad relativa), compactación dinámica mediante caída controlada de masa, y columnas de grava (vibrosustitución) que aportan refuerzo y drenaje vertical. Su efectividad se verifica mediante ensayos SPT, CPT y mediciones de asentamiento durante y post-tratamiento.
Las inyecciones (jet grouting, permeación, compactación) modifican el suelo a través de lechadas cementicias, químicas o resinosas que rellenan vacíos, aumentan resistencia y reducen permeabilidad. Sus aplicaciones incluyen contención de excavaciones, pantallas impermeables, mejora de cimentaciones existentes y consolidación de terrenos colapsables o blandos.
Las técnicas de drenaje acelerado (drenes verticales prefabricados, drenes de arena) reducen tiempos de consolidación en suelos cohesivos saturados, complementándose con precarga estática. El monitoreo de asentamientos, presiones de poro y deformaciones laterales mediante instrumentación específica permite validar el cumplimiento de los criterios de aceptación y proceder a la construcción sobre suelo mejorado.